Dedicatorias de Federico:

  • Alberti, Rafael
  • Alonso, Dámaso
  • Ángeles Ortiz, Manuel
  • Bello, Pepín
  • Bergamín, José
  • Buñuel, Luis
  • Ciria y Escalante, José de
  • Dalí, Ana María
  • Díez-Canedo, Enrique
  • Guerrero, Juan
  • Guillén, Teresita
  • Halffter, Ernesto
  • Martínez Nadal, Rafael
  • Montes, Eugenio
  • Montesinos, José F.
  • Moreno Villa, José
  • Sainz de la Maza, Regino
  • Salinas, Solita
  • Xirgu, Margarita

A Teresita Guillén

Una parte de un libro dedico a la niña Teresita de Jorge Guillén de esta manera: "A Teresita Guillén, tocando su piano de seis notas". Todas están dedicadas a niños. En otros libros ya dedico a mayores.


El lagarto está llorando
A Mademoiselle Teresita Guillén tocando su piano de seis notas

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantaritos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran.
¡ay! ¡ay!, cómo están llorando!

(De Canciones)


A José Moreno Villa


Palimpsestos

El bosque centenario
penetra en la ciudad,
pero el bosque está dentro
del mar.
Hay flechas en el aire
y guerreros que van
perdidos entre ramas
de coral.
Sobre las casas nuevas
se mueve un encinar
y tiene el cielo enormes
curvas de cristal.

(De Primeras Canciones)

A Eugenio Montes


Campana
En la torre
amarilla,
dobla una campana.
Sobre el viento
amarillo,
se abren las campanadas.
En la torre
amarilla,
cesa la campana.
El viento con el polvo,
hace proras de plata.

(De Poema de cante jondo)


A Regino Sainz de la Maza


En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.
Tres de carne
y tres de plata.
Los sueños de ayer las buscan
pero las tiene abrazadas,
un Polifemo de oro.
¡La guitarra!

(De Poema de cante jondo)

A Enrique Díez-Canedo


A pesar de sus ojos
la noche va perdida.

(Sólo el cuco
permanece.)

En la cañavera lloran
vientos indecisos.

(Sólo el cuco
permanece.)

¿Por aquí? ¿Por allí? El alma
ha perdido su olfato.

(Sólo el cuco
permanece.)


(De Suites)

A José Bergamín


Los días de fiesta
van sobre ruedas.
El tío-vivo los trae,
y los lleva.
Corpus azul.
Blanca Nochebuena.
Los días abandonan
su piel, como las culebras,
con la sola excepción
de los días de fiesta.
Estos son los mismos
de nuestras madres viejas.
Sus tardes son largas colas
de moaré y lentejuelas.
Corpus azul.
Blanca Nochebuena.
El tío-vivo gira
colgado de una estrella.
Tulipán de las cinco
partes de la tierra.
Sobre caballitos
disfrazados de panteras
los niños se comen la luna
como si fuera una cereza.
¡Rabia, rabia, Marco Polo!
Sobre una fantástica rueda,
los niños ven lontananzas
desconocidas de la tierra.
Corpus azul.
Blanca Nochebuena.

(De Canciones)

A Ernesto Halffter


Eran tres.
(Vino el día con sus hachas.)
Eran dos.(Alas rastreras de plata.)
Era uno.
Era ninguno.
(Se quedó desnuda el agua.)

(De Canciones)

A José de Ciria y Escalante


Un brazo de la noche
entra por mi ventana.
Un gran brazo moreno
con pulseras de agua.
Sobre un cristal azul
jugaba al río mi alma.
Los instantes heridos
por el reloj... pasaban.

(De Canciones)

A Solita Salinas


Amanecía
en el naranjel.
Abejitas de oro
buscaban la miel.
¿Dónde estará
la miel?
Está en la flor azul,
Isabel.
En la flor,
del romero aquel.
(Sillita de oro
para el moro.
Silla de oropel
para su mujer.)
Amanecía
en el naranjel.

(De Canciones)

A Luis Buñuel


Ribereñas
Dicen que tienes cara
(balalín) de luna llena.
(balalán.)
Cuántas campanas ¿oyes?
(balalín.)
No me dejan.
(¡balalán!)
Pero tus ojos..., ¡Ah!
(balalín)
... perdona, tus ojeras ...
(balalán)
y esa rosa de oro
(balalín)
y esa... no puedo, esa...
(balalán.)
Su duro miriñaque
las campanas golpean.
¡Oh tu encanto secreto!..., tu...
(balalín
lín
lín
lín...)
Dispensa.

(De Canciones)

A Ana María Dalí


Arbol de canción
Caña de voz y gesto.
una vez y otra vez
tiembla sin esperanza
en el aire de ayer.
La niña suspirando
lo quería coger;
pero llegaba siempre
un minuto después.
¡Ay sol! ¡Ay luna, luna!
un minuto después.
Sesenta flores grises
enredaban sus pies.
Mira cómo se mece
una y otra vez,
virgen de flor y rama,
en el aire de ayer.

(De Canciones)

A José F. Montesinos


La luna asoma
Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.

(De Canciones)

A Pepín Bello


Eros con bastón

Eras rosa.
Te pusiste alimonada.
¿Qué intención viste en mi mano
que casi te amenazaba?
Quise las manzanas verdes.
No las manzanas rosadas...
alimonada...
(Grulla dormida la tarde,
puso en tierra la otra pata.)

(De Canciones)

A Manuel Ángeles Ortiz


Escena

Altas torres.
Largos ríos.
Hada
Toma el anillo de bodas
que llevaron tus abuelos.
Cien manos, bajo la tierra,
lo están echando de menos.
Yo
Voy a sentir en mis manos
una inmensa flor de dedos
y el símbolo del anillo.
No lo quiero.
Altas torres.
Largos ríos.

(De Canciones)

A Rafael Alberti


La hoguera pone al campo de la tarde
unas astas de ciervo enfurecido.
Todo el valle se tiende. Por sus lomos,
caracolea el vientecillo.
El aire cristaliza bajo el humo.
Ojo de gato triste y amarillo.
Yo, en mis ojos, paseo por las ramas.
Las ramas se pasean por el río.
Llegan mis cosas esenciales.
Son estribillos de estribillos.
Entre los juncos y la baja tarde,
¡qué raro que me llame Federico!

(De Canciones)

A Dámaso Alonso


Preciosa y el aire
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.

En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.


(De Romancero gitano)

A Margarita Xirgu


Prendimiento de Ntonito el Camborio en el camino de Sevilla
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.

(De Romancero gitano)

A Juan Guerrero


Romance de la Guardia Civil española
Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

(De Romancero gitano)

A Rafael Martínez Nadal




Martirio de Santa Olalla

I. Panorama de Mérida
Por la calle brinca y corre
caballo de larga cola,
mientras juegan o dormitan
viejos soldados de Roma.
Medio monte de Minervas
abre sus brazos sin hojas.
Agua en vilo redoraba
las aristas de las rocas.
Noche de torsos yacentes
y estrellas de nariz rota
aguarda grietas del alba
para derrumbarse toda.
De cuando en cuando sonaban
blasfemias de cresta roja.
Al gemir, la santa niña
quiebra el cristal de las copas.
La rueda afila cuchillos
y garfios de aguda comba:
Brama el toro de los yunques,
y Mérida se corona
de nardos casi despiertos
y tallos de zarzamora.

A Salvador Dalí


Oda a Salvador Dalí
¡Oh Salvador Dalí, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado.

(De Odas)


A Concha Méndez y Manuel Altolaguirre


El niño Stanton
Cuando me quedo solo
me quedan todavía tus diez años,
los tres caballos ciegos,
tus quince rostros con el rostro de la pedrada
y las fiebres pequeñas heladas sobre las hojas del maíz.
[...]

A Encarnacón López Júlvez


La cogida y la muerte
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

(De Llanto por Ignacio Sánchez Mejías)

A Pablo Neruda


Adam
Árbol de Sangre riega la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana,

Adam sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla.

Pero otro Adán oscuro está soñando
neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando

(De sonetos)

A Gillermo de la Torre


Ciudad

La torre dice: «Hasta aquí»
y el ciprés: «Yo más allá».

Hombres y mujeres hacen
la Babel de las palabras.

Avanzan por los tejados
violentos zigzag y elipses.

La ciudad adorna su frente
con plumas de humo y silbidos.

Todos buscan lo que no
podrán encontrar jamás

y la hierba crece ante
el pòrtico del Allí.

(De Poesía varia)